¿Cuáles son las emociones autoconscientes?

   Se consideran emociones autoconscientes la culpa, la vergüenza y el orgullo porque en ellas subyace como rasgo fundamental, algún tipo de evaluación relativa al propio yo: estas emociones surgen cuando se produce una valoración positiva o negativa del propio yo en relación con una serie de criterios acerca de lo que constituye una actuación adecuada en diversos ámbitos.

   No obstante, debido a que estas emociones no tienen por qué ser explícitas ni conscientes, algunos autores consideran más apropiado denominarlas “emociones autoevaluativas”.

Rasgos que comparten las emociones autoconscientes

1.    Se trata de reacciones emocionales que tienen como antecedente algún tipo de juicio -positivo o negativo- de la persona sobre sus propias acciones.

2.    Son emociones secundarias que surgen como resultado de diversas transformaciones de otras emociones más básicas

3.    Son emociones complejas porque requieren el desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas (desarrollo de una cierta noción del yo o autoconciencia)

4.    Son emociones sociales e implican importantes aspectos interpersonales (se hallan presente en el desarrollo, surgen en contextos interpersonales, conllevan tendencias de acción con importantes implicaciones interpersonales)

Estas emociones juegan un papel fundamental como elementos motivadores y controladores de la conducta moral.

   La vergüenza surge cuando se da una evaluación negativa del yo de carácter global. Provoca un estado emocional desagradable, que lleva a la interrupción de la acción y a una cierta confusión mental. La persona, con el fin de librarse de la vergüenza, recurre a mecanismos como la reinterpretación de los eventos, la disociación del yo y el olvido de la situación.

   La culpa surge de una evaluación negativa del yo más específica, referida a una acción concreta. Se origina un proceso cognitivo-atribucional centrado en la conducta y no en la globalidad del yo. Su efecto no es tan displacentero como el de la vergüenza. Esta emoción conlleva la puesta en marcha de conductas orientadas a reparar la acción negativa.

   El orgullo surge como consecuencia de la evaluación positiva de una acción propia. La experiencia fenomenológica de la persona que tiene orgullo por algo (acción, pensamiento o sentimiento que considera loables) es de alegría y satisfacción por ello. Cuando el yo en su conjunto es objeto de loa exagerada por parte del propio sujeto surge el “hubris”.

Referencia bibliográfica

Fernández, E., García, B., Jiménez, M. P., Martín, M. D., & Domínguez, F. J. (2011). Psicología de la Emoción. Madrid: Universitaria Ramón Areces.