LAS EMOCIONES

 

   Las emociones son una parte innegable de nuestras vidas, condicionan nuestra salud, nuestro comportamiento, nuestro bienestar y calidad de vida. Cada una de nuestras acciones, decisiones y actitudes desempeñan un papel esencial en nuestro comportamiento, conllevan implícita una emoción y marcan cómo nos encontramos en cada momento.

   Las emociones nos ayudan a prepararnos y responder ante cualquier situación, permiten un mejor conocimiento de nosotros y cuando son positivas contribuyen a potenciar conductas saludables e incluso a evitar riesgos para la salud. Además, pueden constituir una señal activadora o inhibidora de la enfermedad. En concreto, las emociones negativas nos preparan para prevenir el desarrollo de patologías asociadas a las mismas.

   A lo largo de la vida es esencial disponer de una mayor autoconciencia de las emociones, una mejor capacidad para dominar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interpersonal, pero los cimientos de estas aptitudes se construyen en la infancia (Goleman, 2001).

   Desde la última década del siglo XX se sostiene que las emociones y nuestro organismo se relacionan e interactúan entre sí alterando la respuesta del sistema inmunológico y el funcionamiento de los diferentes órganos y sistemas de nuestro cuerpo a nivel físico y mental (Reeve, 1995; Ryff y Singer, 2000; Fredickson y Branigan, 2000; Bless, 2004, Crawspeth, 2005; Capena, 2008, entre otros). Estos estudios destacan, entre otros aspectos, que ante cualquier emoción, ya sea positiva o negativa, nuestro cuerpo entra en un estado de activación, así nuestro corazón empieza a latir con fuerza, la respiración acelera su ritmo y los músculos se tensan.

Definición de emoción

   Son numerosas las definiciones sobre el concepto de emoción, se trata de un concepto no unívoco.

   Las emociones incluyen distintos elementos, tales como los cambios orgánicos, la experiencia, los pensamientos y la percepción que conllevan disposiciones y comportamientos diferentes en función de las circunstancias y las interacciones con los demás.

   Términos que se suelen confundir con las emociones:

  • Sentimientos, es decir, la expresión o vivencia subjetiva de las emociones.
  • Los afectos
  • El humor
  • El estado de ánimo según el uso que se le da a un contexto determinado.

   Las emociones facilitan la adaptación del individuo al entorno social. Las expresiones emocionales comunican cómo nos sentimos. También las expresiones emocionales regulan la manera en que los demás reaccionan ante nosotros (Reeve, 1995).

   Las emociones son algo más sensible que la razón, la inteligencia emocional como la consciencia de los sentimientos se refiere a la “capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones. Describe aptitudes complementarias, pero distintas, de la inteligencia académica, las habilidades puramente cognitivas mediadas por el CI” (Goleman, 1996).

   La emoción puede describirse como “una serie de estados fisiológicos asociados a una experiencia psíquica determinada, cuyo significado biológico es el de modelar el comportamiento” (Iglesias et al. 2003).

   Categorías que incluyen las diversas definiciones sobre emociones:

  • Supervivencia
  • Adaptación
  • Funciones biológicas a modo de impulsos o reacciones

   Lo que la mayoría de las definiciones tienen en común es que las emociones son procesos adaptativos que desempeñan un  papel esencial en el comportamiento, aprendizaje, creatividad e interacción social... de las personas.

   En el Centro Beatriz siguiendo a Perea (2011) entendemos que las emociones son un concepto multidimensional formado por fenómenos psicofisiológicos continuos que poseen todos los seres vivos y que nos permiten adaptarnos a ciertos cambios de nuestro entorno, que nos orientan en la lucha por la supervivencia y en el afrontamiento a los sucesos significativos de nuestra vida.

   Las emociones básicas, también denominadas “primarias, puras o elementales” (miedo, tristeza, asco, alegría, sorpresa) se reconocen por una expresión facial característica” (Vivas et al. 2006) y se acompañan de claros indicios físicos y de una disposición típica de afrontamiento.

   Las emociones secundarias son el resultado de la fusión de las emociones primarias, no presentan rasgos faciales característicos ni una tendencia a una acción particular que varía según las personas y la situación.

   Lazarus (1994) distingue entre emociones negativas, emociones positivas, emociones  bordeline y no emociones:

  • Entre las emociones negativas relacionadas con las formas de amenaza, frustración o conflicto entre objetivos, destaca la ira, la culpa-vergüenza, la tristeza, la envidia-celos y el disgusto.
  • Las emociones positivas son las que concuerdan con el logro de objetivos, incluyen la felicidad-alegría, el amor y el afecto.
  • Las emociones boderline son aquellas que no están claramente delimitadas.
  • Las no emociones hacen referencia a las emociones que por sus implicaciones podrían ser emociones pero realmente no lo son, entre las que Lázarus incluye estados complejos como el dolor y la depresión, confusión mental y estados de excitación fruto del descontento entre otras.

También se clasifican en dos categorías (Damasio, 2000):

  • Emociones tempranas: Son innatas y responden a lo que sucede en el medio, o de lo que acontece en nuestro organismo.
  • Emociones adultas: Son las emociones que se expresan cuando las personas comienzan a relacionar las emociones primarias con objetos y situaciones concretas.

Otra clasificación más reciente de Damasio (2010):

  • Emociones de fondo: entusiasmo y desaliento.
  • Emociones sociales: compasión, vergüenza, lástima, culpa, desdén, celos, envidia y orgullo)

Referencia bibliográfica

Perea, R. (2011). Educación para la salud y calidad de vida. España: Días de Santos.

 

 

REPERCUSIONES DE LAS EMOCIONES EN LA SALUD

   Las emociones como programas complejos de acciones preparan a nuestro cuerpo para actuar y reaccionar de forma específica. Así, emociones como la ira, la felicidad, el amor, la autoestima, la capacidad para manejar conflictos, los efectos de nuestra vida del acoso y los abusos, la ansiedad, el miedo, el enfado, el odio, la envidia, los celos, la resolución de problemas, la sorpresa, la tristeza, la angustia, la melancolía, la depresión...repercuten en nuestra salud y estado de bienestar al ser manifestaciones de nuestro bagaje humano y de las circunstancias que nos rodean.

   Tanto las emociones positivas (alegría, optimismo, felicidad...) como las negativas (ira, ansiedad, estrés...) influyen en la salud al responder desde un punto de vista funcional a diferentes matices adaptativos. Así, mientras que las emociones positivas implican un mayor equilibrio entre el cuerpo y la mente, con saludable armonía; por el contrario, cuando las emociones son negativas se produce un efecto desintegrador en nuestro organismo.

   No obstante, algunas emociones que inicialmente pueden parecernos negativas son indispensables para reformular nuestras metas, en la consecución de nuestros objetivos y para cambiar nuestra actitud ante la vida como, por ejemplo, la ansiedad que se genera cuando se están acercando las fechas de los exámenes nos permite ponernos a estudiar o cuando nos enfrentamos a una larga o grave enfermedad, o en el caso de frustración ante el logro de un objetivo concreto. Por tanto, las emociones pueden tener connotaciones tanto positivas como negativas, aunque la mayoría de las veces es mixta. Por ejemplo, Reeve (1995) sostiene que, aunque la rabia tiene connotaciones negativas como la destrucción, violencia descontrolada, también tiene un componente positivo y productivo “cuando energiza los intentos de recuperar el control perdido sobre el ambiente, que al final se recupera. Así mismo, desde una perspectiva evolutiva, la rabia moviliza la energía hacia la autodefensa, una defensa caracterizada por el vigor, la fuerza y la resistencia”.

   Las emociones negativas como la depresión, la ansiedad, la irritabilidad, la hostilidad, la ira, el miedo y la agresividad influyen negativamente en nuestra salud favoreciendo la aparición y desarrollo de ciertas patologías, que hacen más vulnerable el sistema inmunológico, lo que impide su correcto funcionamiento. Por otro lado, Ryff y Singer (2000) señalan que la influencia de las emociones positivas para preservar y potenciar la salud es algo menor si se compara con las emociones negativas debido a que el punto de vista predominante de la salud física hace referencia a la ausencia de enfermedades y de emociones negativas.

Emociones positivas en la salud

   Cada vez más los estudios sobre las emociones se centran en demostrar que las emociones positivas como la tranquilidad, el optimismo, la felicidad, el entusiasmo, el amor, la empatía y la alegría, entre otras, ahuyentan el estrés, disminuyen la obstrucción arterial y potencian el sistema inmunitario, previenen enfermedades y reducen la intensidad y duración de las mismas.

   Además, las emociones positivas proporcionan a nuestro cuerpo armonía, sosiego, tranquilidad y equilibrio, lo que se traduce en salud emocional.

   Cohen et al. (2003) afirman que las personas con un estilo emocional positivo presentan menor riesgo de sufrir gripe en comparación con las que tienen un estilo emocional negativo.

   Las emociones positivas son, por lo general, las que nos permiten alcanzar nuestros objetivos, satisfacción por el trabajo bien realizado y sana autoestima. De hecho, las emociones positivas son suficientes para desencadenar una serie de efectos positivos en nuestro metabolismo y resultan beneficiosas a la hora de la recuperación de la enfermedad.

   Las emociones positivas nos ayudan a soportar las dificultades de una enfermedad y facilitan su superación, contribuyen a hacer más resistentes a las personas ante la adversidad e incrementan los recursos de afrontamiento de las personas.

   La sorpresa activa supone “un aumento repentino en la tasa de descarga emocional en la tasa de descarga neuronal. La sorpresa prepara a la persona para tener emoción en general y provoca un rápido aumento de la actividad cognitiva (Reeve, 1995).

   La alegría es una sensación positiva derivada de la sensación de satisfacción y triunfo. La alegría facilita también la voluntad de las personas de participar en actividades sociales (Reeve, 1995).

   La risa y el buen humor influyen favorablemente en nuestra salud al ser una herramienta efectiva para enfrentarse a la enfermedad la risa y la capacidad de estar de buen humor que imprime sentido de perspectiva a nuestros problemas. La risa brinda una liberación física de las tensiones acumuladas que puede contribuir a que el sistema inmunológico funcione óptimamente.

   El optimismo y la esperanza también resultan beneficiosas. La gente que tiene muchas esperanzas es capaz de resistir en circunstancias penosas, incluidas dificultades médicas.

   La empatía, o lo que es lo mismo, la capacidad para comprender las emociones y los sentimientos del otro, de ponerse en el lugar de los demás sin hacer valoraciones, mejora las relaciones sociales, ayuda a resolver los conflictos y fortalece nuestra salud al reducir el tiempo de recuperación y fortalecer el sistema inmunológico.

Emociones negativas en la salud

   Los datos de diversas investigaciones (Spielberger, 1994; Goleman, 1996) confirman la influencia de las emociones negativas prolongadas en el tiempo: la ira, la ansiedad, el miedo, o la depresión y el estrés en los trastornos psicofisiológicos, como la causa de ciertas enfermedades que debilitan las células inmunológicas y duplican la posibilidad la posibilidad de contraer enfermedades como el asma, dolores de cabeza, úlceras, aumento de la presión sanguínea y problemas cardiovasculares. En definitiva, las emociones negativas suponen una amenaza para la salud.

   Por otro lado, se ha comprobado que algunas emociones negativas, como la ira y la hostilidad reprimida, tienen un efecto directo sobre la contractilidad de la arteria coronaria y, en consecuencia, sobre la llegada de oxígeno al músculo cardíaco. Además, se han constatado en numerosos estudios prospectivos y clínicos que la tensión emocional precede al desarrollo de los síntomas de la enfermedad coronaria (Perera, 2004).

   Las emociones negativas constituyen un factor de riesgo para nuestra salud y desencadenantes de la enfermedad, al hacer más vulnerable el sistema inmunológico, lo que no permite su correcto funcionamiento. Por tanto, aunque las emociones negativas no causan la enfermedad, sí nos hacen más vulnerables a ellas (enfermedades degenerativas cerebrales como el Alzheimer, hipertensión arterial, cardiopatías e incluso cáncer), absorben toda la atención del individuo, dificultando atender a otros asuntos.

   Asimismo, las emociones negativas pueden:

  • distorsionar la conducta de las personas influyendo en la toma de decisiones.
  • interferir en el proceso de recuperación de una enfermedad
  • llevar a una pérdida tanto de la calidad como del rendimiento del trabajo, que puede hacerse extensiva a la calidad de vida personal dado que nos bloquean, inmovilizan y dificultan los avances personales, profesionales y sociales.

   La ira es una emoción negativa que genera problemas en el corazón.

   El miedo es una “advertencia emocional que se aproxima a un daño fisiológico o psicológico de manera que implica un gasto energético que se traduce en cambios comportamentales que hace a las personas más susceptibles e irritables, lo cual puede conducir a las personas a vivir situaciones de estrés”. No obstante, al parecer el miedo facilita “el aprendizaje de nuevas respuestas que apartan a la persona del peligro, o lo que es lo mismo, el miedo activa los esfuerzos del afrontamiento y facilita el aprendizaje de las habilidades de afrontamiento” (Reeve, 1995).

   El odio, el miedo, la depresión, la ira, la rabia y el estrés, entre otras emociones negativas, bloquean las defensas naturales. Por ejemplo, la rabia moviliza la energía hacia la autodefensa, una defensa caracterizada por el vigor, la fuerza y resistencia (Reeve, 1995).

   Una muestra de hostilidad ocasional no es peligrosa, pero sí cuando es constante definiendo la personalidad. Las personas con personalidad Tipo A aparentan ser agresivas y hostiles, hablan fuerte, rápido y en forma explosiva; son muy competitivas, ambiciosas, exigentes consigo mismas y con los demás, muestran un sistema nervioso autónomo muy sensible, reaccionan de modo excesivo ante la tensión. Esta reactividad exagerada conduce a un ritmo cardíaco rápido, sensación de urgencia, impaciencia y hostilidad. Las prisas, las competencias y cosas parecidas aumentan la tensión acelerando la excitación simpática y contribuyendo más a la posibilidad de problemas coronarios (Davidoff, 1989).

   La ansiedad es una emoción negativa, una perturbación provocada por las presiones de la vida diaria. Es la emoción con mayor peso como prueba científica al relacionarla con el inicio de la enfermedad y el curso de la recuperación. Las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad, cinismo o suspicacias implacables tienen el doble de riesgo de contraer una enfermedad, incluidas asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos.

   Como todas las emociones, la ansiedad tiene utilidad adaptativa, puesto que nos ayuda a prepararnos para enfrentarnos a algún peligro. Sin embargo, en la vida moderna es más frecuente que se dé de forma desproporcionada y fuera de lugar; la perturbación se produce ante las situaciones con las que debemos vivir o que son evocadas por la mente, que no son peligros reales que debemos enfrentar.

   La ansiedad influye principalmente en la contracción de enfermedades infecciosas tales como resfriados, gripes y herpes ya que con la ansiedad nuestras defensas fallan. Además de disminuir la respuesta inmunológica, la ansiedad produce efectos adversos en el sistema cardiovascular. La razón es evidente: el pánico y la ansiedad elevan la presión sanguínea y las venas dilatadas por la presión sangran más abundantemente cuando el cirujano hace la incisión con el bisturí. La hemorragia excesiva es una de las complicaciones quirúrgicas más molestas y puede provocar la muerte (Coleman, 1996).

   Aunque no se disponen de datos que permitan reconocer que las emociones negativas tienen una relación causal, se reconoce que afectan la vulnerabilidad de las personas a contraer enfermedades infecciosas como el virus del herpes o la gripe debido a la alteración del sistema inmunológico.

   Ortega (2006) señala que cierto nivel de estrés permite a las personas mejorar sus perspectivas de carrera profesional, un nivel de participación en la adopción de decisiones satisfactorias, un sistema de apoyo social...Se trata de un factor de alto riesgo para la salud pero es imprescindible en nuestra vida ya que potencia la creatividad, el sentido positivo, la capacidad de aprendizaje y la toma de decisiones entre otras.

   Por otro lado, existe una relación entre estrés y cáncer al parecer debido a los efectos supresores del estrés en el sistema inmunológico. Si se deprimen las funciones inmunológicas, los organismos tiene menos capacidad para enfrentarse a los agentes cancerígenos (Davidoff, 1989).

   El miedo es una de las emociones negativas, que como todas las emociones extremas paraliza nuestras acciones y es acompañado por cambios fisiológicos en nuestro organismo. La señal inicial viene de nuestro cerebro, que estimula el cuerpo para liberar adrenalina en la circulación sanguínea. Las pupilas de los ojos se dilatan. El pelo se pone encrespado y las venas se dilatan. El pecho aumenta su capacidad para aumentar el volumen de aire inhalado. El corazón se dilata aumentando la salida de sangre. Se producen subidas de tensión arterial. El hígado libera glucosa, que proporciona la energía para los músculos.

En definitiva, mientras las emociones negativas hacen más vulnerables a las personas a contraer enfermedades, pero no las causan, las emociones positivas ayudan a sobrellevar la enfermedad y favorecen el proceso de recuperación, pero por sí solas no logran mejorar a la persona.

 

EMOCIÓN

RESPUESTA FISIOLÓGICA

EMOCIONES NEGATIVAS

Ira

Aumento de la adrenalina en la sangre, la sangre fluye principalmente hacia las manos y el corazón late con mayor rapidez

Temor

Se concentra en los músculos, especialmente en los de las piernas, para facilitar la huida

Disgusto

Se produce una inhibición de la evacuación, insomnio y riesgo de hipertensión

Ansiedad

Aumenta la posibilidad de contraer enfermedades contagiosas como la gripe, virus, puesto que las actividades inmunológicas pueden estar deprimidas y alteran la tensión arterial.

Miedo

Conlleva subidas de tensión arterial, liberación de glucosa, aumento del volumen de aire inhalado en el pecho

Tristeza

Conlleva una disminución en los niveles de endorfinas necesarias para fortalecer el sistema inmunológico

EMOCIONES POSITIVAS

Felicidad

La actividad cerebral se centra en la parte central, se inhiben los sentimientos negativos y se experimenta un aumento en los niveles de energía

Sorpresa

La retina permite entrar una mayor cantidad de luz para detectar con más facilidad los cambios que experimenta el medio

Risa/buen humor

Se potencia el sistema inmunológico y una liberación física de las tensiones acumuladas

Amor

Se produce la relajación del organismo y un estado general de calma

 

Estrategias para vivir las emociones y sus efectos saludables

   En el Centro Beatriz somos conscientes de la repercusión de las emociones en la calidad de vida de las personas, por eso, hacemos hincapié en la toma de conciencia de su repercusión, así como en la enseñanza de estrategias para que las personas aprendan a vivir las emociones y sus efectos saludables. En concreto, nos centramos en:

  • ·         La educación emocional
  • ·         La inteligencia emocional
  • ·         El pensamiento emocional

Referencia bibliográfica

Perea, R. (2011). Educación para la salud y calidad de vida. España: Días de Santos.

 

 

 

 

LAS EMOCIONES COMO PAUTAS DE RESPUESTA

¿CUÁL ES EL PAPEL DE LA EMOCIÓN EN EL APRENDIZAJE?