LA MOTIVACIÓN

   La motivación es un estado interno que inicia y mantiene una conducta orientada a una meta. Esta definición abarca cuatro componentes:

  • La motivación es personal. Tiene lugar en el propio alumno
  • La motivación va dirigida a un fin. Persigue el logro de una meta
  • La motivación es activante. Incita a la acción
  • La motivación es energizante. Mantiene la perseverancia y la intensidad

   En suma, la motivación es la que insta a las personas a actuar, les hace perseverar en la acción y les ayuda a finalizar las tareas.

   Los investigadores cognitivos reconocen ahora la importancia de los constructos motivacionales en el aprendizaje. En este sentido, para comprender cómo tiene lugar el aprendizaje en contextos académicos es preciso comprender qué motiva a los estudiantes a aprender.

   Una definición clásica de motivación entiende ésta como el conjunto de procesos implicados en la activación, dirección y persistencia de la conducta (Valle, Núñez, Rodríguez & González-Pumariega, 2002), por lo que la motivación influye de modo principal en:

  • el tipo de acción elegida por el sujeto (dirección de la conducta)
  • el tiempo que el sujeto pasa realizando tal acción (persistencia de la conducta)
  • el esfuerzo dedicado a la misma.

   Debido a la influencia que la motivación parece tener sobre nuestra conducta, es obvia la necesidad de la misma para una implicación absoluta en los procesos académicos, puesto que el aprendizaje requiere grandes dosis de tiempo y esfuerzo, donde el alumno debe elegir la mejor acción a realizar para obtener un máximo rendimiento.  Por tanto, parece lógico el interés que muestran Meyer y Turner (2002) en proponer y enfatizar la necesidad de complementar la emoción, la motivación y la cognición en los diferentes programas de instrucción, entendiendo la emoción como parte esencial de la motivación.

   El desarrollo de los estilos motivacionales es dependiente de la historia personal de aprendizajes, en el sentido de la experiencia acumulativa y progresiva. En este sentido, Montero, de Dios y Huertas (2001) utilizando la terminología que desarrollaron Dweck y Elliot (1983) describen tres patrones generales de motivación que aparecen en el contexto académico:

a)    La motivación por lucimiento, donde los alumnos buscan “quedar bien”, y conciben la inteligencia como un rasgo genérico, global y no modificable, de modo que atribuyen el éxito a causas internas y no controlables (capacidad) y el fracaso

a causas externas variables (mala suerte)

b)   La motivación para evitar valoraciones negativas, donde el alumno busca “no quedar mal”, de modo que también conciben la inteligencia como una habilidad no modificable, pero atribuyen el éxito a causas variables y externas (suerte) y los fracasos a causas internas y no controlables (capacidad), lo que les va a provocar una indefensión

c)    La motivación por el aprendizaje, que sería el patrón de motivación más adaptativo y el que favorece un mejor rendimiento, ya que considera la inteligencia como un conjunto de habilidades incrementables con el esfuerzo, por lo que éste sería la causa tanto de sus éxitos (hoy me he esforzado mucho) como de sus fracasos (no me he esforzado lo suficiente)

   Los estudios muestran cómo los estudiantes con más altos niveles de motivación intrínseca (estudiar para aprender) utilizan más y mejores estrategias de aprendizaje significativo que los estudiantes con niveles altos de motivación extrínseca (estudiar para sacar buenas notas). La motivación académica se muestra como un proceso psicológico que determina la realización de actividades y tareas educativas (Garrido y Pérez, 1996), entre las que se puede destacar la importancia de la escritura dentro del currículum (Elbow, 1998, 2000).

   Los avances recientes en la teoría e investigación sobre la motivación subrayan la idea de que el rendimiento académico se relaciona con variables motivacionales como interés, autoeficacia, creencias atribucionales y la orientación de las metas al rendimiento

   La motivación del estudiante para aprender depende de cómo éste interprete la situación de aprendizaje. Así puede variar en función de la relevancia que le otorgue:

1)    al contenido a aprender

2)     de lo que confíe en su propia competencia

3)    de que se considere que el esfuerzo conduce al éxito

4)     de que su objetivo sea comprender el material a aprender.