¿Cuándo hablar de Dificultades de Aprendizaje (DA) y cuándo de un Trastorno específico de aprendizaje (TEdA)?

Dificultades de aprendizaje -DA-

     Hace referencia a las dificultades en un sentido más genérico de las dificultades que muestra un niño para aprender y que pueden ser debidas a muchos factores. Por ejemplo: pobre instrucción (mal método o  cambio de métodos), instrucción insuficiente (poca dedicación), instrucción inadecuada (que puede desencadenar un rechazo casi fóbico a la tarea), estresores ambientales o dificultades de salud que pueden dificultar que el niño esté en condiciones para aprovechar las experiencias de aprendizaje o la interferencia de otro trastorno como es por ejemplo, la impulsividad en caso de un niño con TDAH.

Trastorno específico de aprendizaje -TEdA-

     Para su diagnóstico es necesario poder confirmar que las dificultades:

  • Son superiores a las dificultades normales que conlleva cualquier otro tipo de aprendizaje
  • Van más allá y no se pueden explicar sólo por la existencia de un trastorno (si existiera)
  • Se muestran resistentes a un entrenamiento específico, individual y durader

     Se puede decir, que existe un continuo entre las dificultades lógicas que conlleva cualquier aprendizaje y la resistencia crónica y patológica a dicho aprendizaje, lo cual tiene consecuencias para la evaluación:

     Por un lado, si hacemos una evaluación temprana, es muy posible que durante un tiempo la valoración no pueda ser concluyente en cuanto la existencia de un trastorno, es decir, la evaluación podría detectar dificultades de aprendizaje, pero puede ser que, en ese momento, no contásemos con las condiciones para afirmar que tiene un TEA (que será más crónico que pasajero y más resistente a la intervención).

     Por otra parte, una gran parte de estos casos no reflejan cuadros aislados de problemas y además, existe una alta comorbilidad con otros trastornos.

 

 

¿Cuándo se debe comenzar la intervención?

     La intervención psicoeducativa no debe esperar a que se confirme plenamente la existencia de TEA. Debe comenzar en el momento en el que se detecten dificultades en el aprendizaje que generan problemas de adaptación en algún área del desarrollo (académica, personal, comportamental) y que no reviertan significativamente con las medidas de intervención habituales en casa o en la escuela.

   El nivel de profundidad y el tipo de intervención, así como las adaptaciones necesarias para la mejora del niño dependerán de los resultados de la evaluación realizada. Por tanto, la evaluación debe realizarse lo más a fondo posible e ir dirigida a recabar toda la información que pueda facilitar el diseño de una intervención lo más individualizada y ajustada al caso.

   No se trata de recabar información para ver si se cumplen los criterios diagnósticos del TEA, sino de recabar información específica que nos permita tener conocimiento sobre cómo es y cómo está el niño en concreto y en el momento actual. La evaluación debe llevar a conocer lo más a fondo posible su historia personal, escolar, familiar, características, condiciones, respuesta a los métodos y refuerzos recibidos de cara al aprendizaje y la determinación específica de su perfil específico (comportamental, cognitivo, socioemocional y de aprendizaje). Si la evaluación nos permite concretar el tipo de trastorno y estimar la gravedad de la misma, contaremos con más información sobre la cronicidad y severidad del cuadro, lo que permitirá ajustar las expectativas de evolución, optimizar la selección de métodos y programar determinado tipo de adaptaciones.

MARCO LEGAL EN LA ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD

INTERVENCIÓN CON NIÑOS CON RETRASO ESCOLAR Y/O DIFICULTADES DE APRENDIZAJE EN EL CENTRO BEATRIZ